La Caleta de Quilca se encuentra al extremo sur de la costa
arequipeña, sobre el Pacífico, casi colindante con la provincia de Islay del
mismo departamento. El puerto de Quilca conjuntamente con el puerto de La
Planchada fueron los puertos mayores de la provincia. El puerto de Quilca tuvo
tiempos mejores, cuando era puerto de embarque de ganado y de productos
agropecuarios procedentes del interior del departamento. Fue una zona sometida
al imperio incaico por Inca Roca y Túpac Yupanqui y también el principal puerto
de Arequipa hasta 1826. A finales del Virreinato, en la última etapa de la
guerra por la Independencia, fue usado por los realistas. Por aquí embarcó a
España La Serna, el último virrey del Perú y fue guarida del glorioso monitor
Huáscar. En 1540 Francisco Camargo, a cargo de un navío español con mercaderías
para Charcas, Cuzco y Arequipa, desembarco en el puerto de Quilca.
Todos los
historiadores afirman que este fue el barco que trajo las primeras ratas que
vinieron al Perú. La naturaleza ha determinado que las costas del sur del Perú
carezcan de bahías, para establecer en ellas puertos amplios y seguros, por
estas circunstancias en el año 1879 se construyó el muelle de Quilca y desde
los años de la colonia este lugar ha sido la puerta abierta al mar, por donde
se servían los departamentos de la Región Sur. En la actualidad, ha perdido
mucho de su importancia del siglo XIX, y alberga en la caleta a una comunidad
de pescadores artesanales para consumo humano y extractores de mariscos.
Conjuntamente con los puertos de Matarani, Mollendo y Chala, procesa la
anchoveta para fabricar harina y aceite de pescado. En este lugar hubo animales
feroces como: carcharocles megalodon y otros. En la caleta de Quilca solo
pueden ingresar pequeñas embarcaciones, pues tiene 500 m. de profundidad, 200
m. de ancho y 12 brazas de agua a la entrada. Los pobladores se dedican a
fabricar sus propias balsas y en los cerros aledaños se han encontrado restos
de nuestros antepasados como vasijas, textiles y esqueletos.








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